lunes, noviembre 17, 2008

No es cosa de Falange sino de hombría



  Esto no es enseñanza de cómo ser y sentir en la Falange, sino de hombría. Pero hay una comparación necesaria: Ellos callaron donde nosotros decimos.

EL TERCIO DE BOBADILLA.

Cuando he hablado del Tercio Viejo me estaba refiriendo al Tercio de Bobadilla que, sitiado en una isla tras abrir los diques los holandeses, fue requerido a rendirse por uno de aquellos almirantes luteranos. Fue cuando se le respondió que de rendición ya hablarían después de muertos.

Sometidos a bombardeo constante, al excavar protecciones se encontró una tabla con la imagen de la Inmaculada, que hoy también reina en Lourdes. Se cantó un Te Deum enardecido y, a la amanecida, las aguas estaban heladas, y por ellas cargaron, a pie, sobre ellas como dioses, los hombres del Tercio que, naturalmente, venció.

O sea que, como dijo Rubén Darío echándole la bronca a Roosevelt, el riflero terrible y grande cazador: "pues contáis con todo, os falta una cosa: Dios."

Que vengan con pamemas que no asombran, porque es lo natural, lo que siempre hacen en las fechas del 20-N las gentuzas, que no supieron en su momento santificar ni con muerte ni con victoria sus miserias. Lo asombroso, lo milagroso, sería que un año se quedaran callados, como lo estuvieron tanto. Que el odio y la vergüenza no los impulse, por un año, a la desvergüenza y el abuso de poder con, quizá, fraude de ley. Qué magia: socialistas no atacando a muertos y deudos ni violando religiosas, vivas o muertas. Se les ve mejor en plena exhibición de sus vergüenzas.

Porque en estas venganzas de monicongos remanece algo que se dice poco: Esos grandes hechos de valor y de muerte no se conocen en el que fue su bando. Entre ellos no hubo un Cuartel de Simancas ni uno de la Montaña, ni una Santa MAría de la Cabeza ni un Alcázar de Toledo, ni aquella formidable carga de la Legión contra la muralla de Badajoz,  venciendo con la muerte a las ametraladoras rojas. Sobrevolándolas como hubiera hecho el Tercio de Bobadilla. O las águilas. No busquéis que de eso no hubo, porque a esta gente siempre le resultó mejor matar que morir por algo grande.

¿No van a maldecirnos, ahora que les sale tan gratis, de momento? Lo suyo fue, siempre, "rectificar las líneas," sucedáneo de echarse p'atrás. Y tenían valientes, vaya que sí. Pero sin fe. Servían, pobres hombres, a las ancianas ideas extranjeras. A veces encadenados a las armas que manejaban por la libertad. Stalin lo sabe.

¿Recuperaron siquiera algún terreno tomado por los Nacionales? Porque lo de Teruel  se saldó, como sabemos, con una catastrófica y asesina retirada. Ya rectificarán líneas, ya, pero esta vez sabiendo que las cosas no serán tan magnánimas: no hablo de guerra sino de palabras como dardos.

Hay algo sobre todo esto en:


Arturo ROBSY

P.D. Un día contaré cómo en la tierra de Menorca, (donde nací pero no empecé) estos leales demócratas tan propensos a cogérsela con papel de fumar, se aporreaban por subir  a un crucero inglés donde se habían rendido a las Fuerzas Nacionales (a Sartorius),  fuerzas poco ansiosas de derramar sangre. Aún así, mandaron a los menos cobardes o más distraídos a simular una defensa contra los desembarcados, cuando sus rojos de "calidad" ya se habían rendido y huían no se sabe si democráticamente, pero sin lo necesario para defender lo que hoy dicen que creían. Mierdas de tíos.

¿Alguien cree que no harían lo mismo hoy, caso de presentarse algo tan terrible como fue 1936? Ellos, tampoco.

Ni vencer ni morir supieron.

Desciende por las barras, que hay más asuntos sobre este.

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